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Mensaje cuaresmal del obispo de 2010
Durante la temporada de Cuaresma, nos reunimos en un espíritu de penitencia, de conversión y renovación. Reconocemos nuestras faltas y esfuerzos por ser el pueblo que Dios nos llama a ser. Al mismo tiempo, pedimos por sanación y dirección para vivir nuestra vocación de hijos de Dios. La Cuaresma nos ofrece una maravillosa oportunidad para ver lo que somos y hacia donde nos dirigimos. Más que nada, nos da una oportunidad para recordar el amor inconmensurable de Dios y su misericordia para con nosotros. Independientemente de lo que haya hecho, independientemente de la parte secreta de nuestra vida que nadie conoce, Dios nos ama lo suficiente como para traernos a la vida con Cristo. A través del sacrificio de la cruz, somos reconciliados con el Padre y con los demás y nos convertimos en nada menos que en la “creación nueva” de Dios.
Que Dios nos bendiga en el camino cuaresmal de penitencia, de conversión y renovación. A la sombra de la cruz, seamos personas que construyen el reino de Dios en una realidad de amor, de justicia y de paz... siempre concientes del amor inconmensurable y misericordioso de Dios en nuestras vidas.
+Michael P. Driscoll
Reverendísimo Michael P. Driscoll, MSW, DD
Obispo de Boise
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